El reverendo Jesse Jackson, una de las figuras más influyentes y carismáticas en la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos, falleció este 17 de febrero de 2026 a los 84 años, rodeado de su familia en su hogar. Jackson, conocido por su oratoria poderosa y su compromiso incansable con la justicia social, dejó un legado imborrable como activista, líder comunitario y candidato presidencial, inspirando a generaciones con su mensaje de igualdad, unidad y esperanza.
De la segregación a la presidencia: Una vida de lucha
Nacido en Greenville, Carolina del Sur, en 1941, Jackson creció en un entorno marcado por la segregación racial y la desigualdad económica. Su encuentro con Martin Luther King Jr. en los años 60 lo llevó a sumarse al movimiento por los derechos civiles, participando en marchas, boicots y campañas por el voto afroamericano. Tras el asesinato de King en 1968, Jackson continuó su legado, fundando Operation PUSH en 1971, una organización dedicada a empoderar a las comunidades negras a través de la educación, el empleo y la participación política.
En las décadas de 1980 y 1990, Jackson se convirtió en una voz global por la justicia social. Sus candidaturas presidenciales en 1984 y 1988 fueron históricas: aunque no logró la nominación demócrata, registró a más de 2 millones de nuevos votantes, muchos de ellos jóvenes y minorías, y llevó temas como la pobreza, la desigualdad económica y la reforma del sistema penal al centro del debate nacional. Su eslogan, «Mantén la esperanza viva», se convirtió en un símbolo de resistencia para millones.
Un líder que trascendió fronteras
Jackson no solo fue un activista doméstico, sino también un diplomático informal. Negoció la liberación de rehenes estadounidenses en países como Siria e Irak, y abogó por la paz y los derechos humanos en conflictos alrededor del mundo. En EE.UU., su trabajo con la Rainbow PUSH Coalition buscó unir a personas de diferentes razas, religiones y grupos sociales bajo un mensaje de unidad y justicia.
En 1991, ejerció como «senador de facto» del Distrito de Columbia, abogando por la representación plena de la capital en el Congreso. También fue un defensor incansable de los derechos de los trabajadores, los inmigrantes y los marginados, utilizando su plataforma para amplificar las voces de los sin voz.
Vida personal y últimos años
Jackson reveló en 2017 que padecía enfermedad de Parkinson, una condición que, según admitió, le dificultaba realizar sus actividades cotidianas. A pesar de los desafíos de salud, continuó su labor activista hasta 2023, cuando dejó oficialmente la dirección de la Rainbow PUSH Coalition, aunque siguió siendo una voz influyente en temas de justicia social hasta sus últimos días.
Su familia lo recordó como un «líder servicial», no solo para su familia, sino para «los oprimidos, los que no tienen voz y los marginados de todo el mundo». «Su creencia inquebrantable en la justicia, la igualdad y el amor inspiró a millones», señalaron en un comunicado, destacando su humanidad, compasión y dedicación a la causa de los derechos civiles.
Reacciones y homenaje global
La noticia de su fallecimiento generó una ola de condolencias en EE.UU. y el mundo. Figuras como el presidente Joe Biden, Barack Obama y Al Sharpton rindieron homenaje a Jackson, destacando su valentía, visión y compromiso con la igualdad.
- Barack Obama: «Jesse Jackson fue un faro de esperanza para millones. Su legado vivirá en cada persona que sigue luchando por un mundo más justo».
- Al Sharpton: «Perdimos a un gigante. Jesse Jackson no solo luchó por los derechos civiles, sino que enseñó a generaciones a alzar la voz contra la injusticia».
- NAACP: «Su trabajo sentó las bases para movimientos como Black Lives Matter. Su lucha sigue viva».
Organizaciones como Black Lives Matter y la NAACP reconocieron su contribución histórica, subrayando que su trabajo sentó las bases para avances como la elección del primer presidente afroamericano y la lucha contra la brutalidad policial.
Conclusión: Un legado que sigue vivo
Jesse Jackson fue mucho más que un activista o un político: fue un símbolo de resistencia, un puente entre generaciones y un defensor incansable de los derechos humanos. Su muerte deja un vacío, pero su legado sigue vivo en las luchas por la igualdad, la justicia y la dignidad de todos los seres humanos.
Como él mismo solía decir: «No podemos desesperarnos. La justicia puede retrasarse, pero nunca se niega». Su memoria perdurará en cada persona que alza la voz contra la injusticia y en cada paso hacia un mundo más equitativo y compasivo.
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