miércoles 7 de octubre de 2026 21:42 pm
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Nathaly Ramírez tenía una vida por delante: 23 años, estudios universitarios en Baruch College, una pasantía en una firma de consultoría en Manhattan y, sobre todo, una hija de ocho meses a la que sus vecinos describen como su mayor alegría. Todo quedó truncado la madrugada del martes 6 de octubre, cuando la joven dominicana cayó desde el balcón del piso 15 de su apartamento en el edificio Allerville Arms de la Olinville Avenue, en la sección Allerton de El Bronx, mientras sostenía a su bebé en brazos. La Policía de Nueva York investiga su muerte como un homicidio.

Los agentes del Precinto 49 acudieron al 2550 de la Olinville Avenue pasadas las 3:30 de la madrugada, tras recibir llamadas al 911 que reportaban una caída desde un balcón de gran altura. En el patio trasero del edificio hallaron a la madre y su hija con traumatismos severos. Ramírez fue trasladada al Centro Médico Jacobi, donde fue declarada muerta; la bebé, con golpes en la cabeza, ingresó en estado crítico y en las últimas horas su condición ha sido reportada como estable, con fuentes que hablan de una recuperación en marcha que los propios investigadores califican de milagrosa.

El presunto responsable es Angel Carrasco, de 31 años, el novio o exnovio de la víctima, a quien el NYPD busca oficialmente por el asesinato y considera «armado y peligroso». El caso, tratado como un episodio de violencia doméstica, revela un trasfondo escalofriante: fuentes policiales confirmaron historial de violencia doméstica en la pareja, con llamadas previas al apartamento, y registros que muestran a Ramírez como víctima en cuatro incidentes de violencia doméstica en otras direcciones.

La madrugada del crimen dejó testimonios que la comunidad no olvidará. Una vecina despertó con gritos desgarradores —»¡Por favor, no hagas esto! ¡Mira la cara de mi bebé!»— mezclados con ladridos de perros. Un vecino del piso 15, Stan Garlik, escuchó a un hombre gritar con fuerza «cállate, cállate, cállate» poco antes de las 3 a.m. Después, el golpe del impacto hizo que otro residente corriera a la ventana, desde donde vio los intentos de reanimación sobre la madre y la retirada urgente de la bebé.

El perfil humano de la víctima ha amplificado la conmoción. Ramírez se había mudado recientemente al edificio, donde era querida por su carácter afable y su alegría visible como madre primeriza. «Era una persona feliz, siempre sonreía», recordó un vecino; «muy dulce, muy tranquila», añadió otra. Su madre, al llegar al edificio y descubrir la tragedia, colapsó entre sollozos, gritando «¡Es mi hija!», mientras los agentes la contenían. El memorial de flores, velas y fotografías que creció frente al edificio durante la tarde da fe del duelo de toda una comunidad.

La presidenta del Bronx, Vanessa Gibson, pidió oraciones y esperanza por la recuperación de la bebé, mientras los detectives continúan examinando el balcón, revisando videos de vigilancia y rastreando a Carrasco, aún en fuga. Mientras la justicia sigue su curso, la comunidad dominicana en Nueva York mantiene viva la memoria de una joven madre que, en su último acto de vida, protegió a su hija con su propio cuerpo.

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