jueves 15 de octubre de 2026 23:19 pm
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Reconstruir un sonido extinguido parece magia, pero es pura biomecánica y tecnología. Un grupo de paleontólogos y bioacústicos publicó en PNAS el análisis acústico más detallado hasta la fecha de un ecosistema del Jurásico Medio, y el paisaje sonoro resultante — sin dinosaurios protagonistas — es un coro de insectos con cantos de tonos puros y, por primera vez en el registro fósil, comunicación por ultrasonidos. (Xataka, Levante)

La fuente del milagro sonoro: 20 alas fosilizadas de nueve especies de ensíferos halladas en Mongolia Interior. En estos insectos — parientes de los grillos y saltamontes de hoy — la estridulación deja firmas morfológicas precisas en las nervaduras alares, convirtiendo cada fósil en un instrumento musical congelado en el tiempo.

El descifrado exigió un arsenal tecnológico: vibrometría láser en especies vivas para comprender los patrones de resonancia, modelos biomecánicos para replicar los movimientos extintos y sistemas de machine learning para estimar tasas de llamada y ritmos por especie. (Techno-Science)

Sigmaboilus peregrinus y la comunicación más antigua por ultrasonido

La gran protagonista es la Sigmaboilus peregrinus, cuyos modelos acústicos arrojaron frecuencias superiores a los 20 kHz — hasta 20.5 kHz, la estimación más alta del estudio —, es decir, ultrasonidos. El hallazgo desplaza a los murciélagos como pioneros de las altas frecuencias: la comunicación ultrasónica animal ya funcionaba a pleno rendimiento hace unos 165 millones de años, cerca de 100 millones de años antes de los primeros murciélagos conocidos. (NVI Noticias)

¿Por qué un insecto prehistórico necesitaría ultrasonidos? Por supervivencia reproductiva: las señales de alta frecuencia son altamente direccionales y se atenúan rápido con la distancia, permitiendo atraer parejas sin delatarse ante depredadores. El resto del bosque vibraba al caer la tarde con un coro complejo — la mayoría de cantos rondando los 5 kHz — en el que cada especie ocupaba su banda de frecuencia para no solaparse, la misma estrategia de nichos acústicos que hoy organiza las selvas tropicales. Escuchar el Jurásico, al final, es escuchar un ecosistema completo buscando pareja, compitiendo por el espacio sonoro y escondiéndose de sus cazadores. (Gizmodo)

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