miércoles 28 de enero de 2026 17:37 pm
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El presidente Luis Abinader ha tomado un paso diplomático decisivo al enviar cartas personales a los líderes de China y Rusia, Xi Jinping y Vladimir Putin, con el objetivo de asegurar su apoyo —o al menos su no oposición— a la resolución que estableció la Fuerza de Supresión de Pandillas en Haití. Estas comunicaciones, fechadas el 1 de septiembre de 2025, buscaban evitar que ambas potencias, con su poder de veto en el Consejo de Seguridad de la ONU, bloquearan la iniciativa. La resolución, impulsada por Estados Unidos y Panamá, requería el consenso de los miembros permanentes para ser aprobada, y un veto habría significado su fracaso antes de que pudiera implementarse.

En sus misivas, Abinader destacó que la violencia en Haití ya no era un problema contenido dentro de sus fronteras, sino una crisis que amenazaba con desestabilizar a toda la región, incluyendo a República Dominicana. El mandatario advirtió sobre los riesgos que esta situación representaba para la seguridad nacional dominicana, un argumento diseñado para sensibilizar a China y Rusia sobre las consecuencias más amplias de un colapso en Haití. Este enfoque no solo apelaba a la solidaridad internacional, sino que también subrayaba los posibles efectos en cadena que podrían afectar intereses globales, un aspecto que potencias con influencia geopolítica como estas no pueden pasar por alto.

El resultado de estas gestiones fue crucial: tanto China como Rusia optaron por abstenerse durante la votación en el Consejo de Seguridad, una decisión que, aunque no representaba un respaldo activo, permitió que la resolución avanzara sin ser vetada. Esta abstención, junto con la de Pakistán, fue determinante para la aprobación de la resolución 2793, que ahora allana el camino para el despliegue de la fuerza multinacional en Haití. El éxito de esta estrategia diplomática demuestra cómo un país como República Dominicana, aunque no sea una potencia global, puede ejercer influencia en asuntos críticos mediante un enfoque bien calculado y unificado.

El gobierno dominicano no se limitó a las gestiones con China y Rusia. Abinader también logró el respaldo de los expresidentes Leonel Fernández, Hipólito Mejía y Danilo Medina, quienes firmaron una carta conjunta dirigida a los 15 miembros del Consejo de Seguridad. Este gesto de unidad política interna no solo reforzó la credibilidad de la solicitud dominicana, sino que también demostró que la crisis haitiana es una prioridad que trasciende las divisiones partidistas en el país. La cohesión en este tema envía un mensaje claro a la comunidad internacional sobre la seriedad con la que República Dominicana aborda la situación en su país vecino.

El futuro de Haití y la estabilidad de la región del Caribe dependen ahora de que esta misión internacional logre sus objetivos. Abinader dejó claro en sus comunicaciones que el «concurso de los miembros permanentes» del Consejo de Seguridad era indispensable para evitar un colapso irreversible en Haití. Con la aprobación de la resolución, se abre una ventana de oportunidad para restaurar el orden público y sentar las bases de una gobernabilidad democrática. Sin embargo, el verdadero desafío será traducir este respaldo diplomático en acciones concretas sobre el terreno, en un contexto donde la inestabilidad y la violencia han sido la norma durante décadas, y donde la coordinación internacional será clave para el éxito.

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