El hallazgo principal
Una investigación publicada en 2023 en Open Forum Infectious Diseases encontró una asociación entre el herpes zóster (culebrilla) y un mayor riesgo de infarto de miocardio durante los primeros 30 días posteriores a la infección. El estudio analizó registros de más de 2.1 millones de pacientes atendidos en el sistema de salud del Departamento de Asuntos de los Veteranos de Estados Unidos entre 2015 y 2020: se registraron infartos en el 0.34 % del grupo con herpes zóster y en el 0.28 % del grupo de comparación — aproximadamente 34 y 28 casos por cada 10,000 personas, respectivamente. El análisis ajustado arrojó una odds ratio de 1.35, de donde surge el «aumento del 35 %».
Los autores precisan que ese 35 % es una comparación estadística entre grupos, no una probabilidad individual: no significa que 35 de cada 100 personas con culebrilla tendrán un infarto. Al tratarse de un estudio retrospectivo, los resultados muestran una asociación y no demuestran causalidad. Los factores que aumentaron el riesgo de infarto post-zóster fueron: infarto previo, sexo masculino, edad de 50 años o más, insuficiencia cardíaca, enfermedad vascular periférica, VIH, accidente cerebrovascular previo y enfermedad renal.
El efecto de la vacunación
El mismo estudio encontró que los pacientes de 50 años o más que recibieron la vacuna recombinante contra el zóster (Shingrix) tuvieron menos probabilidades de sufrir un infarto tras la infección (odds ratio 0.82). Investigaciones complementarias han documentado también un aumento del riesgo de accidente cerebrovascular tras el zóster — hasta 1.9 veces en los primeros 30 días según un estudio en Clinical Infectious Diseases, y 34 % mayor en los primeros tres meses según un metaanálisis de PLOS One con 12 estudios y unos 7.9 millones de personas.
La enfermedad y su tratamiento
El herpes zóster ocurre cuando se reactiva el virus varicela-zóster, el mismo que causa la varicela, que permanece inactivo en el organismo y puede reaparecer años más tarde, especialmente con la edad o con inmunidad debilitada. Sus síntomas incluyen dolor, picazón u hormigueo que pueden preceder al sarpullido —usualmente en un solo lado del cuerpo o del rostro— y sus complicaciones abarcan la neuralgia posherpética y los problemas de visión cuando compromete el ojo. Los CDC señalan que los antivirales son más eficaces dentro de las primeras 72 horas desde el inicio de los síntomas, por lo que se recomienda consultar sin esperar a que el sarpullido se extienda.
Recomendaciones de prevención
Los CDC recomiendan dos dosis de Shingrix a los adultos de 50 años o más —incluso si ya tuvieron culebrilla—, separadas entre dos y seis meses, y desde los 19 años a personas con el sistema inmunitario debilitado. La vacuna previene la enfermedad y sus complicaciones; no trata un brote activo, y quien cursa la infección debe esperar a que termine el episodio antes de vacunarse. Ante síntomas compatibles con infarto (presión o dolor torácico, falta de aire, sudor frío, molestias que se extienden al brazo, la mandíbula o la espalda) se debe llamar al 911 de inmediato, y la debilidad súbita de un lado del cuerpo, la caída facial, la dificultad para hablar o los cambios repentinos de visión y equilibrio requieren atención urgente por posible accidente cerebrovascular.

