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Por José Zabala, creador de contenido

Santo Domingo.– Durante décadas, los colmadones de la República Dominicana han sido mucho más que un lugar para comprar alimentos o bebidas. Se han convertido en espacios de encuentro donde nacen amistades, se cuentan anécdotas, se escucha música y se fortalece el sentido de comunidad. En los últimos años, un fenómeno cada vez más visible ha llamado la atención: hombres y mujeres de la tercera edad están haciendo de estos espacios un lugar para reencontrarse con la alegría de vivir.

Lejos de los estereotipos, muchos adultos mayores deciden reunirse para compartir una cerveza, un refresco o un café, bailar merengue, bachata o salsa, conversar sobre sus vivencias y disfrutar de una tarde o una noche entre personas de su generación. Para ellos, estos encuentros representan mucho más que entretenimiento: son una oportunidad para combatir la soledad, mantenerse activos y fortalecer su bienestar emocional.

Especialistas en psicología y gerontología coinciden en que el envejecimiento saludable no depende únicamente de la buena alimentación o de la atención médica. También requiere mantener una vida social activa. La interacción con otras personas ayuda a reducir el estrés, disminuye el riesgo de depresión y ansiedad, estimula la memoria y favorece una mejor calidad de vida.

Un psicólogo especializado en envejecimiento explicaría que los adultos mayores necesitan sentirse incluidos, escuchados y valorados. Compartir historias, recordar momentos de su juventud, hacer nuevos amigos o simplemente disfrutar de la música puede convertirse en una verdadera terapia emocional. La recreación también forma parte de la salud.

Por supuesto, como en cualquier etapa de la vida, la diversión debe ir acompañada de responsabilidad. El consumo de bebidas alcohólicas, cuando exista, debe ser moderado y acorde con las condiciones de salud de cada persona. Lo verdaderamente importante no es el lugar, sino la oportunidad de socializar en un ambiente seguro, respetuoso y agradable.

En muchos pueblos y ciudades del país ya es común ver grupos de adultos mayores ocupando mesas en colmadones, sonriendo, jugando dominó, bailando o conversando durante horas. Esa imagen no debería generar críticas, sino admiración. Después de décadas de trabajo, sacrificios y responsabilidades familiares, muchos sienten que finalmente ha llegado el momento de disfrutar el tiempo con mayor libertad.

La sociedad dominicana tiene el desafío de dejar atrás la idea de que la diversión es exclusiva de los jóvenes. La felicidad no tiene fecha de vencimiento. El deseo de compartir, enamorarse de la vida, reír y sentirse parte de una comunidad permanece en cualquier etapa de la existencia.

Respetar ese derecho también significa promover espacios inclusivos donde los adultos mayores puedan recrearse sin ser juzgados. Cada historia compartida en una mesa, cada baile y cada conversación representan una forma de mantener viva la experiencia, la memoria y la riqueza cultural de quienes han contribuido al desarrollo del país.

La tercera edad no debe ser sinónimo de aislamiento. Al contrario, puede convertirse en una etapa de nuevas amistades, nuevas experiencias y momentos inolvidables. Mientras haya salud, respeto y convivencia, nunca es tarde para disfrutar de la música, levantar un brindis por la vida y seguir escribiendo nuevos recuerdos.

Porque en la República Dominicana, donde la alegría forma parte de nuestra identidad, los adultos mayores también tienen el derecho de ocupar un lugar en la pista de baile, en la mesa del colmadón y, sobre todo, en el corazón de una sociedad que debe valorar su experiencia y celebrar sus ganas de seguir viviendo plenamente.

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