sábado 31 de octubre de 2026 19:04 pm
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Había curiosidad, expectativa y, en algunos casos, aplausos. Cuando los primeros soldados salvadoreños patrullaron este viernes las calles de Puerto Príncipe —uniformes de combate, fusiles de asalto, camiones y blindados cubiertos desde el aire por helicópteros—, parte de la población de la comuna de Tabarre salió a expresar su aprobación a una fuerza expedicionaria que llegó a Haití con una misión doble: encontrar a cuatro soldados desaparecidos y, en palabras de su presidente, «dar una lección a las pandillas».

Una emboscada que cambió la escala del conflicto

Todo empezó el 18 de octubre, cuando cuatro militares salvadoreños integrantes de la Fuerza de Supresión de Pandillas (GSF) fueron emboscados por bandas armadas en la zona de Santo, en el distrito de Croix-des-Bouquets, y desaparecieron. Doce días después, El Salvador tiene más de 2,000 efectivos en el país, y este viernes sus patrullas recorrieron Tabarre —cerca del lugar de la emboscada— y la zona de Clercine, junto al aeropuerto internacional Toussaint Louverture, con una base ya instalada en las cercanías de la embajada de Estados Unidos, según reportan medios locales.

La palabra de Bukele: contundencia en dos idiomas diplomáticos

El presidente Nayib Bukele confirmó el miércoles el despliegue y este jueves lo subrayó con su estilo directo, durante la visita de la presidenta de Perú, Keiko Fujimori: «Si acabamos con las pandillas de acá, podemos acabar con ellos. Es decisión de ellos (de los haitianos) si quieren que los acabemos o no». La frase —una especie de oferta de guerra condicional al país anfitrión— se sumó a su descargo del sábado pasado, cuando descartó que unos restos humanos hallados correspondieran a los soldados desaparecidos, cuya suerte sigue siendo unknown.

Un precedente histórico

El contingente, con fuerzas especiales en sus filas, es el más numeroso desplegado por un país en Haití desde el fin de la Minustah (2004-2017), y su sola velocidad deslumbra: diez días para duplicar lo que la misión multinacional de la ONU —con su mandato de 5,500 efectivos aún incompleto— no reunió en un año. Mientras los aplausos en Tabarre marcan la temperatura de una población hastiada de las bandas, la pregunta flotante en Puerto Príncibe y en la comunidad internacional es la misma: ¿qué pasa cuando la búsqueda de cuatro soldados se convierte en la mayor operación militar extranjera del país en una década?

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