Pocas validaciones valen tanto como la del competidor directo. El Departamento de Agricultura de Estados Unidos, a través de su oficina en Santo Domingo, publicó a comienzos de 2026 un informe que reconoce la transformación estructural de la industria arrocera dominicana y su creciente competitividad frente al cereal estadounidense. El documento —elaborado por Virgilio Mayol, aprobado por Chanda Berk y sustentado en datos del Servicio de Investigación Económica del USDA, del Ministerio de Agricultura dominicano y entrevistas a importadores locales— compara dos décadas de desempeño y concluye que las diferencias históricas se han reducido a niveles no vistos desde hace veinte años.
Los números del cierre de la brecha son elocuentes. El costo de producir una tonelada en RD pasó de ser un 113% superior al estadounidense en 2007 (US$470 vs US$220) a solo un 34% en 2024 (US$459 vs US$344). Por hectárea, el país es aún más competitivo: US$2,647 frente a US$3,235 del modelo estadounidense, intensivo en maquinaria, semillas híbridas, fertilizantes y combustibles, mientras el dominicano concentra más del 80% de sus costos en mano de obra, tierra, servicios y gastos generales.
Para el consumidor, la diferencia de precios entre el arroz nacional y el importado cayó del 75% en 2007 a apenas el 9% en 2025, pues los costos logísticos —flete marítimo, seguros, aduanas y márgenes— elevan el precio del arroz estadounidense en torno a un 48% sobre su valor FOB. El margen por libra se redujo de US$0.20 a US$0.05.
La única alerta del informe es el rendimiento por hectárea: 5.28 toneladas dominicanas contra 9.42 estadounidenses en 2024, aunque el propio USDA reconoce el avance criollo gracias al riego ampliado, mejores prácticas y semillas certificadas, y anticipa que la brecha puede seguir cerrándose en las regiones con sistemas modernizados.
El reconocimiento llega en el momento más sensible posible. Con la derogación del Decreto 693-24 —el régimen que fijaba aranceles de 20% dentro del contingente y hasta 99% fuera de él—, el arroz estadounidense accede libremente al mercado dominicano bajo el DR-CAFTA, y el sector, que abastece cerca del 96% del consumo nacional y es pilar de la seguridad alimentaria, deberá sostener en la práctica la competitividad que su propio rival comercial ya certificó en el papel.
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