miércoles 28 de octubre de 2026 18:56 pm
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Los actos protocolares suelen quedar en el decreto; este miércoles, en cambio, se quedó en una frase. «Muchas felicidades, Roberto, en nombre personal como presidente de la República y en nombre de la República Dominicana», le dijo Luis Abinader a Roberto Álvarez al imponerle la Orden del Mérito de Duarte, Sánchez y Mella en el grado de Gran Cruz Placa de Plata, un reconocimiento que sella con la más alta solemnidad la relación entre un presidente y su excanciller.

Lo que dice el decreto y lo que dijo el presidente

El Decreto núm. 646-26 —leído en el Salón Embajadores del Palacio Nacional por el canciller Víctor «Ito» Bisonó— documenta lo institucional: seis años de servicios de Álvarez al frente del Ministerio de Relaciones Exteriores (agosto 2020-agosto 2026), defensa de la soberanía, promoción de la democracia y los derechos humanos, modernización del ministerio y profesionalización del servicio diplomático y consular. Abinador añadió lo humano: su amistad con el homenajeado, su testimonio directo del liderazgo de Álvarez y una valoración sin rodeos de su aporte al Gobierno: «Tu paso nos ayudó a mejorar el servicio exterior, a tener mucho mayor dignidad donde quiera que asistimos juntos y también a ser un mejor Gobierno de manera integral». El mandatario recordó que la condecoración fue decidida durante los tres días de Gobierno en Santiago de los Caballeros, la ciudad desde la que se emitió el decreto.

La agenda que el excanciller no quiso dejar pasar

Álvarez convirtió su respuesta en una clase de política exterior. Defendió una diplomacia sustentada en la soberanía, la democracia, los derechos humanos y el derecho internacional; enumeró las reformas de su gestión para la carrera diplomática —reconocimiento de méritos, mejoras salariales, protección médica, rotación del personal— y, sobre todo, puso en la mesa el expediente más urgente de la región: Haití. Tras recordar la gestión ante el Consejo de Seguridad de la ONU que logró el respaldo internacional a una fuerza de seguridad para el país vecino, llamó a los países comprometidos a desplegar cuanto antes la fuerza de supresión de pandillas y dotarla de los recursos necesarios, porque sin seguridad y estabilidad institucional no habrá elecciones libres ni creíbles.

El linaje diplomático

La semblanza, a cargo del periodista y diplomático Aníbal de Castro, cerró el círculo familiar: la formación jurídica de Álvarez, su ingreso al servicio exterior en 1966, su década en la OEA —con trabajo en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos durante dictaduras y conflictos en América Latina— y la influencia decisiva de su padre, Ambrosio Álvarez Aybar, jurista, rector universitario y excanciller que recibiera la misma condecoración. Compartieron el acto los ministros Andrés Bautista, Carlos Antonio Fernández Onofre y Faride Raful, junto a Opinio Díaz, Jorge Subero Isa, Milagros Ortiz Bosch, el vicealmirante José Manuel Cabrera Ulloa, el nuncio Piergiorgio Bertoldi, embajadores, funcionarios y familiares. La Orden Duarte, Sánchez y Mella volvió así a la casa de los Álvarez, por segunda vez y por los mismos méritos: servir a la nación desde la diplomacia.

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