Noviembre 3: esa es la fecha que ordena hoy la guerra entre Estados Unidos e Irán. Donald Trump confirmó este jueves que no ordenará reanudar los ataques militares contra Teherán antes de las elecciones legislativas de medio término, en una decisión que mezcla cálculo electoral, presión militar y una negociación que avanza a pasos contados. «No atacaremos a Irán en ningún momento antes de las elecciones», publicó, al tiempo que aseguraba mantener «conversaciones productivas» con la República Islámica.
El cálculo es transparente: Trump insinuó en campaña que el desenlace de la guerra podría llegar en los días previos o posteriores a los comicios —»ganaremos la guerra justo después de la elección… tal vez antes», dijo en un mitin en Texas— y dejó entrever que sigue abierto a reanudar operaciones a gran escala si las negociaciones no producen un acuerdo de su gusto. A la revista TIME reiteró que la acción militar podría retomarse tras las midterm, con una sentencia de sobriedad táctica: «Tenemos muchas armas».
El arsenal no es solo retórico. El Pentágono envía más recursos a la región: el portaaviones USS Theodore Roosevelt y sus escoltas —miles de efectivos— podrían llegar a finales de octubre, en lo que algunos analistas leen como preparación para una escalada poselectoral. Irán, mientras tanto, ha lanzado su propia campaña de influencia: la Guardia Revolucionaria publicó una carta abierta de 25 páginas dirigida a los votantes estadounidenses, culpando a «Trump y el apoyo de EE.UU. a Israel» de la guerra y asegurando que la economía estadounidense está «al borde del colapso».
En el estrecho de Ormuz, la guerra económica sigue su curso. Un ataque con misiles iraníes hirió a ocho marines en un buque, y explosiones reportadas este jueves —posiblemente minas navales golpeando tanqueros— recuerdan que la «tregua» de Trump no incluye el mar. El Comando Central escolta petroleros nocturnos con sistemas de localización apagados, los países del Golfo exportan casi a niveles previos a la guerra gracias a oleoductos alternativos, pero los fletes de riesgo superan el millón de dólares diarios y el tráfico global sigue deprimido.
Y como si el mapa no fuera suficientemente complejo, Arabia Saudí y el gobierno de Yemen combaten a los hutíes respaldados por Irán en el vecino estrecho de Bab el-Mandeb, con los rebeldes respondiendo con drones y misiles contra aeropuertos saudíes. Para el canciller iraní Abbas Araghchi, la respuesta formal a la contrapropuesta estadounidense llegará «en cuestión de días». El mundo sabrá entonces si el 3 de noviembre marca una pausa o un punto de inflexión.
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