sábado 10 de octubre de 2026 16:59 pm
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La primera llamada llegó poco antes de las 5:00 de la tarde del viernes: reportes de disparos en la cuadra 700 de la calle Perry, en el lado este de Erie, Pensilvania. Los testigos decían haber visto a un hombre disparando un arma antes de entrar a una casa. Lo que los agentes encontraron al llegar superó cualquier preparación: dos mujeres mortalmente heridas en el exterior de la residencia y, dentro, la escena que el jefe de policía Rick Lorah describió como la peor de su carrera: seis personas más muertas, incluidos dos niños.

El sospechoso, aún dentro de la vivienda, se atrincheró ante el cerco policial. Comenzó entonces un operativo de varias horas con despliegue de unidades tácticas, negociadores y personal de emergencia en los alrededores, mientras los vecinos de la tranquila zona residencial eran evacuados o mantenidos en sus hogares. Un fotógrafo de un medio local presente en la escena relató haber escuchado gritos y disparos en algún punto del enfrentamiento.

El desenlace no incluyó una detención. Según la versión policial, citada por Fox y medios locales, el tiroteo concluyó después de que el sospechoso se disparara a sí mismo durante el enfrentamiento con los agentes. El hombre fue hallado muerto dentro de la casa con una herida de bala autoinfligida y un arma junto a su cuerpo. Con ello, el saldo total quedó en nueve muertos: ocho víctimas inocentes y el atacante.

La respuesta institucional llegó de inmediato. La alcaldía de Erie emitió un comunicado asegurando que la situación «ha sido contenida» y que «el tirador está muerto, no existe amenaza ni peligro en curso para el público en este momento», extendiendo condolencias a las víctimas y afectados. El gobernador Josh Shapiro se comunicó con la alcaldesa Daria Devlin y ofreció el apoyo estatal completo, mientras la policía anunciaba que los agentes que presenciaron la escena recibirán counseling y que la ciudad activó servicios de apoyo comunitario.

Queda la investigación: nombres aún no divulgados, motivo desconocido y una escena que, según el jefe Lorah, «va a tomar tiempo» reconstruir. Para los agentes de Erie, el recuerdo de la cuadra 700 de Perry Street quedará como el capítulo más difícil de sus carreras; para las familias de las víctimas, como el inicio de un duelo que apenas comienza en una ciudad que se pregunta cómo pudo pasar.

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