En un avance sin precedentes, la Agencia Espacial Europea (ESA) ha revelado la imagen en luz visible más detallada del centro de la Vía Láctea, capturada por el telescopio espacial Euclid en marzo de 2025. Aunque Euclid fue diseñado para estudiar el universo oscuro, un equipo de científicos logró reorientarlo hacia el bulbo galáctico, una región densa donde se concentran más de 60 millones de estrellas, además de nebulosas y cúmulos estelares. Esta imagen, que nunca estuvo planeada, se ha convertido en un hito para la astronomía.
«Normalmente, Euclid observa el espacio profundo, pero esta vez apuntamos hacia el centro de nuestra galaxia, una zona muy poblada», explicó Xavier Dupac, científico de la misión. La resolución y sensibilidad de Euclid permitieron distinguir estrellas individuales en una región donde la luz suele superponerse, lo que abre nuevas posibilidades para la búsqueda de exoplanetas y el estudio de la estructura de la Vía Láctea.
Uno de los aspectos más emocionantes de esta imagen es su potencial para descubrir exoplanetas mediante la técnica de microlente gravitacional. Este fenómeno ocurre cuando una estrella pasa frente a otra desde nuestra perspectiva, actuando como una lupa cósmica que amplifica la luz de la estrella de fondo. Si un exoplaneta orbita la estrella más cercana, su gravedad altera esa luz, revelando su presencia. «Lo que puedes hacer, si tienes suerte, es identificar un planeta o incluso más de uno», explicó Dupac.
Aunque esta imagen no es suficiente por sí sola para detectar nuevos exoplanetas —ya que se necesita observar una estrella durante más de 20 días para confirmar un evento de microlente—, servirá como referencia clave para futuros telescopios, como el Nancy Grace Roman de la NASA, cuyo lanzamiento está previsto para agosto de 2026. «Cualquiera que detecte un evento de microlente en esa misma región podrá usar los datos de Euclid para confirmar la presencia de nuevos planetas», explicó Natalia Rektsini, del Instituto de Astrofísica de París.
Valeria Pettorino, científica de la ESA, cree que esta imagen podría llevar al descubrimiento de más de 1,000 exoplanetas, principalmente planetas fríos que orbitan estrellas, así como planetas errantes que se han alejado de sus sistemas estelares. Además, esta imagen permitirá a los científicos calcular la masa de los planetas con mayor precisión, lo que es clave para determinar si un planeta podría albergar vida. «Los planetas muy masivos suelen ser gigantes gaseosos o planetas helados, mientras que los más pequeños y menos masivos, cerca de su estrella, tienden a ser rocosos», explicó Dupac. «Si buscas condiciones favorables para el desarrollo de la vida, probablemente quieras un planeta rocoso».
Si se encuentra un candidato prometedor, los astrónomos podrían realizar observaciones de seguimiento con otros telescopios para estudiar su atmósfera y determinar si podría albergar vida. Esta imagen también será útil para estudiar otros fenómenos astronómicos, como enanas marrones, sistemas estelares binarios y la distribución del polvo en el centro de la Vía Láctea.
En resumen, lo que comenzó como una observación improvisada se ha convertido en un legado científico que podría redefinir nuestra comprensión del universo y, quizás, acercarnos un paso más a responder una de las preguntas más antiguas de la humanidad: ¿Estamos solos en el universo?
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