viernes 9 de octubre de 2026 18:23 pm
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Pocas veces un solo movimiento telúrico ha puesto en comunicación simultánea a tantas costas de América. Este viernes, tras el terremoto de magnitud 7,7 con epicentro cerca de Tonosí, en el sureste de Panamá, el Sistema de Alerta de Tsunamis de Estados Unidos desplegó amenazas para la costa pacífica de Colombia, Ecuador, Guatemala y Nicaragua, a las que se sumaron las advertencias para Panamá, Costa Rica, Perú, El Salvador y México: nueve países conectados por un mismo océano y un mismo riesgo.

La geografía del Pacífico americano explica la amplitud de la advertencia. El terremoto se produjo frente a la península de Azuero, en el istmo centroamericano, a solo 10 kilómetros de profundidad y 12 kilómetros de la costa, en una de las zonas de mayor actividad tectónica del continente, donde convergen las placas Cocos, Caribe, Nazca y Sudamericana. Una perturbación de esa energía en el fondo marino puede enviar olas que viajan a la velocidad de un avión comercial y que solo pierden fuerza a miles de kilómetros de distancia.

Los sistemas nacionales respondieron con velocidad desigual pero coordinada. El Salvador emitió su alerta con hora de llegada estimada a las 2:37 de la tarde. La Armada de Chile declaró estado de precaución para la Isla de Pascua. Costa Rica y Colombia matizaron la amenaza para sus territorios. Y en Panamá, el epicentro del aviso, las autoridades evaluaban tanto las olas posibles —de uno a tres metros en algunos tramos— como los daños del propio terremoto, con el colapso de la torre de la catedral de Penonomé como el más visible.

El sismo de este viernes llega en un año sísmico extraordinario para América Latina, tras los terremotos de Venezuela del 24 de junio —magnitudes 7,2 y 7,5, con al menos 6.509 muertos— y de Colombia del 10 de agosto —magnitud 7,4, con 335 fallecidos—. Ninguno de los dos activó una alerta de tsunami de esta escala, pero ambos dejaron la misma lección que el viernes se repitió en el Pacífico: la preparación de las comunidades costeras y la velocidad de los sistemas de alerta marcan la diferencia entre el susto y la tragedia.

Hasta el cierre de esta información, Panamá no reportaba víctimas, el canal interoceánico operaba con normalidad y parte de las alertas comenzaban a retirarse. El presidente José Raúl Mulino pidió calma y ordenó al Sinaproc monitorear las réplicas, mientras el país agradece, en silencio, que el océano haya respetado esta vez la advertencia.

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